El nacimiento institucional de la Provincia de Buenos Aires
En el marco de los acontecimientos políticos de 1820, repasamos algunos hitos clave desde la mirada del historiador Ricardo Levene, que sentaron las bases para el nacimiento institucional de la provincia de Buenos Aires.
Febrero de 1820 suele ser señalado como un momento decisivo en el proceso de conformación institucional de la Provincia de Buenos Aires. Ese período de tiempo estuvo atravesado por enfrentamientos políticos y militares que, lejos de limitarse al desorden, también habilitaron la construcción de nuevas formas de organización.
Este período fue recordado por muchos historiadores como la “anarquía del año 20”. Así lo expresaba La Gaceta en su primer número de 1821, al celebrar el fin de esa etapa: “Acabó por fin el infausto año 20 que será marcado con piedra negra en los anales de nuestra revolución”. Sin desconocer ese carácter crítico, Ricardo Levene propuso matizar la lectura completamente negativa del año 20 y recuperar su dimensión instituyente. En sus palabras, “la anarquía tiene un aspecto institucional: aquel desorden engendró una organización”.
La disolución del gobierno central representado en el Directorio, tras el intento de implementación de una constitución unitaria en 1819, abrió un escenario de oposición creciente en distintas provincias y también en sectores federales bonaerenses. En ese marco, los caudillos del Litoral, Francisco Ramírez y Estanislao López, derrotaron al gobierno central asentado en Buenos Aires en la batalla de Cepeda. Luego exigieron la disolución del Directorio y del Congreso Constituyente, objetivo que terminó de concretarse cuando el jefe militar de la campaña bonaerense, Miguel Estanislao Soler, intimó al Cabildo a reasumir el poder.
Sin embargo, los caudillos no reconocieron al Cabildo como autoridad legítima para pactar, por lo cual fue necesario constituir una nueva institución que eligiera al gobernador. Así se creó la Junta de Representantes, primer poder legislativo provincial, que eligió como gobernador a Manuel de Sarratea. Con esta legitimidad interna, Buenos Aires firmó pocos días después el Tratado de Pilar con Entre Ríos y Santa Fe, que puso fin a la guerra y promovía la organización del país bajo el sistema federal. Para Levene, junto con otros acuerdos como el Tratado de Benegas, estos pactos constituyeron antecedentes fundamentales retomados posteriormente por la Constitución Nacional.
El proceso posterior fue tortuoso. Las disputas entre directoriales y federales, las tensiones internas dentro del federalismo bonaerense, la crisis económica y los conflictos en la frontera generaron una marcada inestabilidad. En ese contexto se produjo el episodio conocido como “el día sin gobernador”: el 20 de junio de 1820, tras la renuncia de Ildefonso Ramos Mejía y la autodisolución de la Junta de Representantes, el bastón de mando fue depositado en el Cabildo, mientras Miguel Estanislao Soler aguardaba una designación que contara con legitimidad institucional. El historiador Joaquín Pérez sostiene que esta caracterización resulta más adecuada que la de “día de los tres gobernadores”, dado que ni el propio Soler se reconocía como tal sin el reconocimiento formal correspondiente.
Aun en medio de enfrentamientos de enorme envergadura, el respeto por la institucionalidad naciente era compartido por los sectores en pugna. En esa tensión entre crisis y organización se consolidaron las bases del nacimiento político de Buenos Aires como provincia autónoma.
Este proceso histórico es desarrollado en profundidad en el Capítulo 3 del libro 100 años de Historia, Memoria e Identidad, publicado en el marco del Centenario del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires. Invitamos a la comunidad a acceder a su versión digital.